Parashá 36 Beha'alotja (בְּהַעֲלֹתְךָ) | Haftará: Las menorot encendidas
Qué dice la Parashá
La Parashá Beha'alotja, comprendida en Números 8:1–12:16, marca una transición importante dentro del recorrido de Israel por el desierto. Después de la organización del campamento y de la preparación de cada tribu para su función específica, el relato se enfoca en la activación espiritual de aquello que había sido establecido. El nombre Beha'alotja proviene de la expresión hebrea בְּהַעֲלֹתְךָ, derivada de la raíz עלה (aláh), que significa subir, elevar o hacer ascender. La instrucción dada a Aarón acerca de la menorá utiliza precisamente esta palabra, revelando que el encendido de las lámparas representa mucho más que una tarea ritual. La luz asciende delante de YAHWEH como expresión de una realidad espiritual superior. El texto declara: “Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia adelante del candelero” (Números 8:2).
A continuación, YAHWEH ordena la consagración de los levitas para el servicio del Tabernáculo. La ceremonia incluye purificación, lavamiento, presentación delante de toda la congregación y dedicación para una función que anteriormente correspondía a los primogénitos de Israel. Según Números 8:14-19, los levitas son separados de entre los hijos de Israel para pertenecer especialmente a YAHWEH, convirtiéndose en una representación viviente de una vida apartada para el servicio divino.
El capítulo 9 registra la celebración de la Pascua durante el segundo año después de la salida de Egipto. Dentro de este contexto aparece una situación singular. Algunos hombres se encontraban impuros por haber tenido contacto con un cadáver y quedaron imposibilitados de participar en la celebración. Ante esta circunstancia, YAHWEH establece la llamada “Segunda Pascua”, permitiendo que aquellos que se encontraban impedidos por razones legítimas pudieran celebrar la festividad un mes después. El texto declara: “Si alguno de vosotros o de vuestros descendientes estuviere inmundo por causa de muerto, o estuviere de viaje lejos, celebrará la Pascua a YAHWEH” (Números 9:10). Esta disposición revela la profundidad de la misericordia divina y la importancia permanente del pacto.
La nube que reposaba sobre el Tabernáculo continúa ocupando un lugar central dentro de la narrativa. Números 9:15-23 describe cómo cada movimiento de Israel dependía exclusivamente de la dirección visible de YAHWEH. Algunas veces la nube permanecía pocos días, otras veces varios meses. La duración carecía de importancia frente a la obediencia. La presencia divina determinaba los tiempos de movimiento y los tiempos de permanencia.
En Números 10 YAHWEH ordena la fabricación de dos trompetas de plata destinadas a convocar a la congregación, organizar los desplazamientos del campamento y señalar acontecimientos específicos. Estas trompetas establecen un sistema de comunicación espiritual mediante el cual todo Israel respondía a una misma voz. Después de ello, la nación abandona oficialmente el Sinaí y comienza la marcha hacia la tierra prometida.
Sin embargo, el avance físico pronto revela conflictos internos profundamente arraigados. Números 11 registra una serie de quejas y murmuraciones que exponen la condición espiritual de una parte importante del pueblo. A pesar de haber presenciado milagros extraordinarios, muchos comienzan a recordar con añoranza los alimentos consumidos durante la esclavitud en Egipto. El relato conserva sus palabras: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” (Números 11:5). La nostalgia por Egipto emerge como un síntoma de una transformación interior todavía incompleta.
La carga del liderazgo lleva a Moisés a expresar delante de YAHWEH el peso que siente sobre sus hombros. Como respuesta, YAHWEH ordena reunir setenta ancianos y declara: “Y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo” (Números 11:17). Posteriormente, el Espíritu desciende sobre ellos y comienzan a profetizar. Eldad y Medad, quienes permanecían dentro del campamento, también reciben esta manifestación espiritual, anticipando una dimensión mucho más amplia de la obra del Espíritu en generaciones futuras.
El mismo capítulo registra el envío sobrenatural de codornices. El pueblo recibe aquello que había deseado intensamente, aunque la experiencia termina asociada a un juicio severo. El lugar recibe el nombre de Kivrot-Hataavá, קִבְרוֹת הַתַּאֲוָה, “sepulcros del deseo”, porque allí quedaron sepultados muchos de quienes habían permitido que sus apetitos dominaran sus decisiones (Números 11:34).
La parashá concluye con el episodio protagonizado por Miriam y Aarón. Ambos cuestionan la posición de Moisés y su autoridad espiritual. YAHWEH responde defendiendo personalmente a Su siervo y establece una diferencia clara entre la experiencia profética común y la relación singular que mantenía con Moisés. El texto declara: “Cara a cara hablaré con él, claramente y no por figuras” (Números 12:8). Miriam resulta afectada con tzaraat y posteriormente es restaurada después de la intercesión realizada por Moisés.
Brit HaDasha
Los temas desarrollados en Beha'alotja encuentran un cumplimiento profundo dentro de la Brit HaDasha. La menorá constituye uno de los símbolos más significativos de esta conexión. La luz que debía ser elevada continuamente dentro del Tabernáculo encuentra su expresión plena en las palabras de Yeshua: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). La raíz hebrea עלה (aláh), utilizada en el nombre de la parashá, comunica la idea de elevación y ascenso, conceptos que adquieren una dimensión espiritual en la revelación mesiánica. La luz ya no ilumina únicamente un espacio físico, sino el corazón del hombre.
La experiencia de los setenta ancianos constituye otra de las conexiones más evidentes con la Brit HaDasha. En Números 11:25 el Espíritu que reposaba sobre Moisés comienza a manifestarse sobre otros líderes para capacitarlos en su servicio. Este acontecimiento anticipa la realidad descrita en Hechos 2:1-4, cuando el Espíritu Santo es derramado sobre los discípulos reunidos en Jerusalén. La presencia divina deja de manifestarse únicamente sobre individuos específicos y comienza a extenderse sobre toda una comunidad llamada a participar activamente en la obra del Reino.
Eldad y Medad representan una imagen profética particularmente significativa. Cuando Josué solicita que Moisés intervenga para detenerlos, la respuesta del líder revela una visión extraordinaria: “Ojalá todo el pueblo de YAHWEH fuese profeta, y que YAHWEH pusiera su espíritu sobre ellos” (Números 11:29). Esta declaración encuentra su eco directo en la promesa de Joel 2:28 y en su cumplimiento descrito en Hechos 2, donde el Espíritu es derramado sobre hijos, hijas, jóvenes y ancianos.
La nube que guiaba a Israel también encuentra una dimensión espiritual más profunda dentro de la Brit HaDasha. Así como la nación avanzaba según la dirección visible de la presencia divina, los discípulos son llamados a caminar bajo la dirección constante del Espíritu Santo. Pablo expresa esta realidad afirmando: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Elohim, éstos son hijos de Elohim” (Romanos 8:14).
La intercesión de Moisés por Miriam anticipa igualmente el ministerio mediador de Yeshua. Después de la disciplina divina, Moisés clama diciendo: “Te ruego, oh Elohim, que la sanes ahora” (Números 12:13). La figura del intercesor aparece nuevamente en el Mesías, quien se presenta como mediador entre Elohim y los hombres (1 Timoteo 2:5).
Reflexión
Beha'alotja expone con extraordinaria claridad el proceso mediante el cual YAHWEH transforma a un pueblo redimido en un pueblo preparado para habitar Sus promesas. La salida de Egipto ya había ocurrido. La liberación física pertenecía al pasado. Sin embargo, la transformación profunda del corazón continuaba desarrollándose en cada etapa del camino. El desierto se convierte así en el escenario donde las motivaciones ocultas salen a la superficie y donde la presencia divina trabaja sobre aspectos que permanecían invisibles durante la esclavitud.
La apertura de la parashá mediante la imagen de la menorá establece una verdad fundamental. La vida espiritual comienza con luz. El verbo utilizado en hebreo para describir el encendido de las lámparas comunica la idea de elevación porque toda luz auténtica produce ascenso. La revelación eleva la percepción. La verdad eleva la conciencia. La presencia de YAHWEH eleva al hombre hacia una comprensión más profunda de Su propósito. La menorá aparece orientada hacia el frente, según Números 8:2, señalando que la luz siempre apunta hacia aquello que YAHWEH desea revelar.
Las quejas registradas en Números 11 muestran que la memoria ejerce una influencia determinante sobre la dirección espiritual de una persona. Israel recordaba los sabores de Egipto mientras caminaba hacia la Tierra Prometida. La mente regresaba constantemente a elementos asociados con la esclavitud. Aquellos alimentos representaban mucho más que una preferencia culinaria. Representaban vínculos emocionales con una realidad pasada. La redención había cambiado la ubicación física del pueblo, mientras el corazón continuaba atravesando un proceso de renovación mucho más profundo.
Kivrot-Hataavá permanece como una advertencia profética para todas las generaciones. El nombre mismo del lugar revela la gravedad del acontecimiento. Los deseos poseen una enorme capacidad para moldear decisiones, prioridades y destinos. Aquello que ocupa el centro del corazón termina definiendo el rumbo de la vida. La presencia de YAHWEH conduce hacia la plenitud de Sus propósitos. Los deseos desordenados conducen hacia ciclos repetitivos de frustración y vacío.
La nube sobre el Tabernáculo revela otro aspecto esencial de la vida espiritual. Israel aprendió a vivir sin controlar los tiempos. El pueblo aprendió a moverse cuando la presencia se movía y a permanecer cuando la presencia permanecía. Este principio continúa manifestándose en cada generación. La madurez espiritual surge cuando la confianza en YAHWEH ocupa el lugar central y cuando la comunión con Su presencia adquiere mayor valor que la necesidad constante de conocer cada detalle del futuro.
La experiencia de los setenta ancianos muestra que YAHWEH distribuye capacidad junto con responsabilidad. El Espíritu que reposaba sobre Moisés comenzó a manifestarse sobre otros porque el propósito divino siempre incluye multiplicación. El Reino avanza mediante personas capacitadas por el Espíritu para participar activamente en la obra de YAHWEH. Esta realidad encuentra su máxima expresión en la Brit HaDasha, donde la presencia divina es derramada sobre toda una comunidad llamada a reflejar Su luz.
Proféticamente, Beha'alotja describe un tiempo de creciente manifestación espiritual. La menorá encendida habla de una luz que continúa elevándose en medio de una generación caracterizada por la confusión y la incertidumbre. Las trompetas anuncian convocación. La nube continúa guiando. El Espíritu continúa siendo derramado. El llamado a salir de Egipto continúa resonando con fuerza. La invitación permanece abierta para quienes desean caminar bajo la dirección de YAHWEH y participar de los propósitos que Él ha establecido desde el principio.
Haftará – Zacarías 2:14–4:7
La Haftará asociada con Beha'alotja establece una conexión directa con la visión de la menorá. El profeta Zacarías contempla un candelabro completamente de oro alimentado continuamente por dos olivos situados a sus lados. La descripción aparece en Zacarías 4:2-3 y presenta una imagen extraordinaria de provisión espiritual inagotable. La menorá deja de depender de un suministro humano y recibe aceite de manera constante desde una fuente superior establecida por YAHWEH.
Dentro de esta visión aparece una de las declaraciones más importantes de toda la literatura profética: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho YAHWEH de los ejércitos” (Zacarías 4:6). La palabra hebrea utilizada para Espíritu es רוּחַ (rúaj), término que comunica simultáneamente las ideas de viento, aliento, energía vital y presencia espiritual. La restauración de Jerusalén, la reconstrucción del Templo y el cumplimiento de los propósitos divinos aparecen ligados a la acción directa de la rúaj de YAHWEH.
La conexión con Beha'alotja resulta evidente. La menorá del Tabernáculo requería aceite para sostener su luz. La visión de Zacarías revela la fuente espiritual que se encontraba detrás de aquella imagen. Toda luz genuina procede del Espíritu. Toda restauración genuina procede del Espíritu. Toda transformación genuina procede del Espíritu. La llama visible constituye la manifestación exterior de una realidad invisible mucho más profunda.
La Septuaginta traduce rúaj mediante la palabra griega πνεῦμα (pneuma), término que conserva la idea de aliento vivificante y presencia espiritual activa. Esta continuidad entre el hebreo y el griego atraviesa toda la Escritura y alcanza una expresión plena en la Brit HaDasha. El mismo Espíritu que capacitó a los profetas, que descendió sobre los ancianos en el desierto y que alimentaba simbólicamente la menorá, aparece actuando nuevamente en la comunidad de los discípulos para cumplir los propósitos eternos de YAHWEH.
Profundicemos aquí:
El Yehoshúa (יְהוֹשֻׁעַ) de Zacarías 3 no es el Josué hijo de Nun que sucedió a Moisés. Se trata de Josué hijo de Josadac, quien ejercía como sumo sacerdote después del regreso del exilio en Babilonia.
Zacarías profetiza aproximadamente en la misma época que Zorobabel. Zorobabel representa el liderazgo civil y Yehoshúa ben Yehotzadak representa el liderazgo sacerdotal. Ambos aparecen juntos repetidamente porque forman parte de la restauración de Jerusalén y del Templo.
Lo interesante es que Zacarías 3 comienza mostrando a Yehoshúa vestido con ropas sucias delante del ángel de YAHWEH (Zacarías 3:3). Las vestiduras representan la condición espiritual de la nación. Cuando las vestiduras son cambiadas, YAHWEH está anunciando la restauración del sacerdocio y del pueblo.
A partir de ahí aparece una profecía mesiánica extraordinaria:
"Voy a traer a mi siervo Tzemaj" (Zacarías 3:8).
La palabra hebrea צֶמַח (Tzemaj) significa "retoño", "brote", "renuevo". No se refiere simplemente a Zorobabel ni a Yehoshúa. Los profetas usan este título para hablar del futuro Rey mesiánico.
Jeremías también declara:
"Levantaré a David un Renuevo justo" (Jeremías 23:5).
Isaías utiliza una imagen similar:
"Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces" (Isaías 11:1).
Por eso muchos intérpretes judíos antiguos y cristianos ven en Tzemaj una referencia al Mesías.
Ahora bien, el versículo 9 es todavía más profundo:
"Pues mira la piedra que he puesto delante de Yehoshúa; sobre una piedra hay siete ojos..."
La palabra hebrea para piedra es אֶבֶן (even).
Los "siete ojos" suelen representar plenitud de visión, conocimiento perfecto y vigilancia divina completa. Más adelante Zacarías explica:
"Estos siete son los ojos de YAHWEH, que recorren toda la tierra" (Zacarías 4:10).
El número siete en la Escritura comunica plenitud, totalidad y perfección.
La piedra delante del sumo sacerdote parece estar conectada con el futuro establecimiento del Reino de YAHWEH y con la obra del Mesías.
Por eso muchos relacionan esta piedra con otros textos:
"La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo" (Salmo 118:22).
"He aquí que pongo en Sion por fundamento una piedra" (Isaías 28:16).
En la Brit Hadashá, Yeshua es identificado repetidamente con esa piedra.
Luego viene la declaración más sorprendente del pasaje:
"Yo removeré la culpa de esta tierra en un día."
La expresión hebrea es extremadamente fuerte porque habla de una remoción completa de la iniquidad en un solo día.
En el contexto inmediato apunta a la restauración de Israel después del exilio y a la purificación del sacerdocio.
En un sentido profético más amplio apunta hacia la obra redentora del Mesías, porque la eliminación de la culpa de manera definitiva constituye uno de los grandes temas de los profetas.
Lo fascinante del capítulo es que todo gira alrededor de tres figuras que aparecen unidas:
- Yehoshúa el sumo sacerdote.
- La piedra con siete ojos.
- Tzemaj, el Renuevo.
Muchos estudiosos observan que Zacarías está uniendo en una misma visión los temas del sacerdocio, la expiación y el reinado mesiánico.
Y aquí aparece un detalle que suele pasar desapercibido: el nombre Yehoshúa (יְהוֹשֻׁעַ) significa "YAHWEH salva". Siglos después, el nombre hebreo de Yeshua es una forma abreviada del mismo nombre.
Por eso, para muchos lectores de la Brit Hadashá, el sumo sacerdote Yehoshúa de Zacarías 3 funciona también como una figura profética que anticipa aspectos de la misión del Mesías: un sacerdocio restaurado, una expiación completa y la eliminación de la culpa mediante la intervención directa de YAHWEH.
Si dejamos completamente de lado cualquier interpretación mesiánica posterior y nos quedamos únicamente en el contexto histórico de Zacarías, el cumplimiento inmediato apunta a la restauración de Judá después del exilio babilónico.
Zacarías profetiza alrededor del año 520 a.C., cuando un remanente ya había regresado desde Babilonia y estaba reconstruyendo el Templo. La nación había vivido décadas bajo el peso del juicio anunciado por los profetas anteriores. Jerusalén había sido destruida, el sacerdocio había quedado interrumpido y la tierra había sufrido las consecuencias del exilio.
En Zacarías 3, Yehoshúa ben Yehotzadak aparece como representante del sacerdocio y, en cierto sentido, de toda la nación. Sus vestiduras sucias simbolizan la culpa acumulada de Israel. Cuando el ángel ordena:
"Mira que he quitado de ti tu pecado" (Zacarías 3:4),
la escena representa la rehabilitación del sacerdocio y la restauración del pueblo delante de YAHWEH.
Luego vienen los versículos 8 y 9.
"Tzemaj" (Renuevo) probablemente era entendido por los oyentes originales como una referencia al futuro resurgimiento de la casa de David. En aquellos días el candidato más evidente era Zorobabel, descendiente de David y gobernador de Judá. De hecho, más adelante Zacarías 6:12 vuelve a mencionar al Renuevo dentro del contexto de la reconstrucción.
La "piedra" es más discutida.
Las principales interpretaciones históricas judías han sido:
- Una piedra fundamental del Segundo Templo.
- Una piedra simbólica relacionada con el sacerdocio restaurado.
- Una representación del gobierno divino sobre la nación.
- Un símbolo de la reconstrucción completa de Jerusalén.
Los "siete ojos" representan la observación perfecta de YAHWEH sobre la obra que estaba desarrollándose. El propio libro explica que los siete ojos de YAHWEH recorren toda la tierra (Zacarías 4:10).
La frase más importante es:
"Removeré la culpa de esta tierra en un día."
Desde la perspectiva histórica inmediata, esto parece referirse a un acto específico de purificación nacional asociado a la restauración del culto en Jerusalén.
Algunos comentaristas judíos lo relacionan con la reconsagración del sacerdocio.
Otros con la dedicación del Templo una vez completado.
Otros con el Día de la Expiación (Yom Kipur), cuando el pecado de la nación era tratado litúrgicamente en una sola jornada.
La expresión "en un día" encaja muy bien con el lenguaje de Yom Kipur porque era precisamente el día nacional de expiación establecido en la Torá.
Por lo tanto, leído exclusivamente dentro del horizonte histórico de Zacarías, el pasaje comunica algo así:
YAHWEH está restaurando a Jerusalén, está rehabilitando el sacerdocio representado por Yehoshúa, está levantando nuevamente la dinastía davídica representada por el Renuevo, está supervisando toda la obra mediante Sus siete ojos, y está declarando que la culpa que produjo el exilio está siendo removida para dar inicio a una nueva etapa en la historia de la nación.
Este pasaje es mucho más fácil de identificar históricamente que Zacarías 3:9.
La clave está en que el propio texto da la interpretación.
Zacarías pregunta qué significa la visión de la menorá y los olivos. El ángel responde:
"Esta es la palabra de YAHWEH a Zerubavel: No por fuerza, ni por poder, sino por mi Ruaj" (Zacarías 4:6).
La visión está dirigida específicamente a Zorobabel.
La pregunta entonces es: ¿qué estaba haciendo Zorobabel en ese momento?
Estaba reconstruyendo el Templo de Jerusalén después del exilio babilónico.
La obra avanzaba lentamente, había oposición política, problemas económicos, desánimo entre el pueblo y comparaciones constantes con la gloria del Primer Templo.
Entonces YAHWEH le comunica que la reconstrucción llegará a completarse, pero mediante Su Ruaj.
Los versículos siguientes lo hacen aún más explícito:
"¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zerubavel serás reducido a llanura" (Zacarías 4:7).
El "gran monte" parece representar los obstáculos que impedían la reconstrucción.
Y más adelante:
"Las manos de Zerubavel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán" (Zacarías 4:9).
Aquí encontramos algo verificable históricamente.
Zorobabel efectivamente colocó los cimientos.
Zorobabel efectivamente dirigió la reconstrucción.
El Segundo Templo efectivamente fue terminado.
Por eso, en su nivel más directo, la profecía se cumplió literalmente.
Ahora bien, la visión contiene símbolos que van más allá de la simple construcción.
La menorá representa la luz y la presencia de YAHWEH.
Los dos olivos aparecen nuevamente explicados más adelante:
"Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra" (Zacarías 4:14).
En el contexto histórico inmediato, la mayoría de los estudiosos identifica a esos dos ungidos como:
- Yehoshúa, el sumo sacerdote.
- Zorobabel, el gobernador descendiente de David.
Uno representa el sacerdocio.
El otro representa la autoridad real davídica.
Los dos trabajan juntos para restaurar la nación.
Por eso la visión tiene un cumplimiento histórico bastante sólido:
- Existió un Yehoshúa sumo sacerdote.
- Existió un Zorobabel gobernador.
- El Templo fue reconstruido.
- La obra se completó a pesar de enormes dificultades.
- La restauración ocurrió bajo el dominio persa, sin ejército propio y sin independencia política.
Y aquí está el detalle más impresionante.
La frase:
"No por fuerza, ni por poder, sino por mi Ruaj"
cobra todavía más sentido cuando observamos la situación real de Judá.
Los judíos recién regresados del exilio no tenían un gran ejército.
No tenían un reino independiente.
No tenían riqueza comparable a la de los imperios circundantes.
Humanamente eran una pequeña provincia persa.
Sin embargo, el Templo fue reconstruido.
Desde una lectura estrictamente histórica y literal, la profecía se cumplió exactamente de la manera anunciada: la obra avanzó y fue terminada gracias a la intervención providencial de YAHWEH y no mediante poder militar o político de Judá.
Por eso Zacarías 4 suele considerarse una de las profecías con cumplimiento histórico más claro dentro del propio período postexílico. A diferencia de Zacarías 3:9, donde existe más debate sobre el alcance de la promesa, Zacarías 4:6-10 apunta directamente a una situación concreta que efectivamente ocurrió durante la vida de Zorobabel.
LAS MENOROT DE APOCALIPSIS
Apocalipsis 11:3-12
[3]También les daré poder a mis dos testigos y profetizarán por mil doscientos sesenta días vestidos de cilicio."
[4]Estos son los dos árboles de olivo y los dos menorot de pie delante del Adón de la tierra.[67]
[5]Si alguien trata de hacerles daño, fuego sale de sus bocas y consume sus enemigos; sí, si alguno trata de dañarlos, asimismo es como él tiene que morir.
[6]Ellos tienen autoridad para cerrar el cielo, a fin de que ninguna lluvia caiga durante el tiempo que estén profetizando; también tienen la autoridad para convertir las aguas en sangre; y asestar a la tierra toda clase de plagas tan frecuentemente como quieran.[68]
[7]Cuando ellos terminen de dar testimonio, la bestia que sube del abismo peleará contra ellos. Se sobrepondrá y los matará;
[8]y sus cuerpos muertos estarán tendidos en la calle principal de esa gran ciudad cuyo nombre, para reflejar su condición espiritual, es "Sedom" y "Egipto", la ciudad donde su Adón fue ejecutado en una estaca.[69]
[9]Algunos de los pueblos, naciones, tribus, lenguas ven sus cuerpos por tres días y medio,[70] y no permiten que los cadáveres sean puestos en una sepultura.
[10]La gente que vive en la tierra se alegrará, celebrará y se darán regalos unos a otros; porque estos dos profetas los atormentaron mucho.
[11]Pero después de tres días y medio entró en ellos un hálito de vida de YAHWEH; se levantaron sobre sus pies, y gran temor cayó sobre los que los vieron.
[12]Entonces los dos oyeron una gran voz del cielo, diciéndoles: "¡Vengan acá arriba!" Y fueron levantados al cielo en una nube mientras sus enemigos miraban.
La conexión es muy directa.
De hecho, cuando Juan escribe Apocalipsis 11, está tomando deliberadamente imágenes de Zacarías 4.
Observa la comparación:
Zacarías 4:3
"Al lado de él hay dos árboles de olivo, uno a la derecha del tazón y el otro a la izquierda."
Zacarías 4:14
"Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra."
Ahora lee Apocalipsis 11:4:
"Estos son los dos árboles de olivo y los dos menorot de pie delante del Adón de la tierra."
Juan prácticamente está citando a Zacarías.
La diferencia es interesante.
En Zacarías aparecen:
Dos olivos.
Una menorá.
En Apocalipsis aparecen:
Dos olivos.
Dos menorot.
Juan amplía la imagen.
La menorá representa el testimonio iluminado por el Espíritu de YAHWEH.
En Apocalipsis 1:20 ya se nos había dicho que las menorot representan comunidades que portan la luz divina.
Por eso los dos testigos son descritos como olivos y menorot al mismo tiempo.
Son recipientes del aceite y portadores de la luz.
Ahora bien, si nos mantenemos en una lectura literal de Apocalipsis, los dos testigos parecen ser dos personas reales porque:
Profetizan durante 1260 días.
Son asesinados.
Sus cadáveres quedan expuestos.
Resucitan.
Ascienden al cielo.
Todo eso apunta a individuos concretos.
Sin embargo, Juan los describe usando el lenguaje simbólico de Zacarías.
Es decir, así como Yehoshúa y Zorobabel fueron los dos ungidos que sostuvieron la restauración después del exilio, los dos testigos sostendrán el testimonio de YAHWEH en medio de una época de gran oposición.
Hay otro detalle fascinante.
Los poderes de los dos testigos recuerdan inmediatamente a dos figuras del Tanaj:
Elías
"Cerrar el cielo para que no llueva" (1 Reyes 17:1).
Moisés
"Convertir las aguas en sangre" (Éxodo 7:20).
Por eso desde la antigüedad muchos identificaron a los dos testigos con Moisés y Elías, o al menos con ministerios que operan bajo características similares.
Pero incluso sin identificar quiénes son, el vínculo con Zacarías es evidente.
Zacarías presenta:
Un sacerdote (Yehoshúa).
Un descendiente de David (Zorobabel).
Dos olivos.
Una menorá.
El Espíritu de YAHWEH sosteniendo la obra.
Apocalipsis presenta:
Dos testigos.
Dos olivos.
Dos menorot.
El Espíritu sosteniendo su testimonio.
Una restauración final en medio de la oposición mundial.
Por eso muchos estudiosos ven a Apocalipsis 11 como una reutilización consciente de la visión de Zacarías 4.
Incluso hay algo más profundo.
En Zacarías, los dos olivos suministran aceite a la menorá.
El aceite representa la unción del Espíritu.
En hebreo, el aceite es שֶׁמֶן (shemen), y el ungido es מָשִׁיחַ (mashíaj), palabras íntimamente relacionadas por la idea de ser consagrado mediante aceite.
La imagen completa comunica una verdad muy sencilla:
La luz permanece encendida porque el Espíritu la alimenta continuamente.
Ese es exactamente el mensaje de Zacarías 4:
"No por fuerza, ni por poder, sino por mi Ruaj."
Esta es una interpretación que tiene bastante fundamento bíblico y merece ser considerada seriamente.
La palabra "testigos" en Apocalipsis 11 es el griego μάρτυρες (mártyres), de donde proviene nuestra palabra "mártires". Un testigo es alguien que da testimonio de una realidad que ha visto y experimentado.
Yeshua dijo a sus discípulos:
"Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos..." (Hechos 1:8).
El lenguaje es muy parecido.
Además, en Isaías, Israel mismo es llamado testigo de YAHWEH:
"Vosotros sois mis testigos, dice YAHWEH" (Isaías 43:10).
"Vosotros sois mis testigos, y mi siervo que yo escogí" (Isaías 43:10).
Desde esa perspectiva, el concepto de "testigo" ya estaba asociado colectivamente al pueblo de YAHWEH mucho antes de Apocalipsis.
Ahora bien, cuando observamos Apocalipsis 11, aparecen dos posibilidades principales:
Primera posibilidad: dos individuos concretos.
Porque el relato habla de dos personas que profetizan, son asesinadas, permanecen tres días y medio expuestas públicamente y luego resucitan.
Segunda posibilidad: dos cuerpos colectivos representados por dos testigos.
Esto encajaría con el estilo altamente simbólico de Apocalipsis.
Por ejemplo, en el mismo libro:
Una mujer representa un pueblo.
Una bestia representa un imperio o sistema.
Una ramera representa una ciudad o civilización.
Siete menorot representan congregaciones.
Por lo tanto, dos testigos también podrían representar entidades colectivas.
Si uno sigue la línea de las dos casas de Israel, la conexión resulta interesante:
Casa de Judá.
Casa de Efraín o Israel.
Ambas llamadas a dar testimonio de YAHWEH.
Ambas asociadas a la restauración profetizada por los profetas.
Ambas reunificadas en textos como Ezequiel 37.
Ezequiel recibe dos maderos:
"Toma ahora otro madero y escribe en él: Para José, madero de Efraín..." (Ezequiel 37:16).
Luego YAHWEH declara:
"Los haré una sola nación" (Ezequiel 37:22).
Algunos intérpretes ven en Apocalipsis 11 una manifestación final de ese testimonio conjunto.
También llama la atención que Apocalipsis no dice simplemente "dos profetas". Dice:
"Los dos olivos y los dos menorot."
Esa descripción parece ir más allá de dos individuos comunes.
En Zacarías, los dos olivos estaban relacionados con dos funciones de gobierno del pueblo restaurado:
Sacerdocio.
Realeza.
En una lectura corporativa, los dos testigos podrían representar al pueblo restaurado actuando nuevamente como reino sacerdotal.
Hay algo más.
Si tomamos literalmente la expresión de Yeshua:
"Me seréis testigos" (Hechos 1:8),
y la unimos con:
"Vosotros sois mis testigos" (Isaías 43:10),
la idea de que los testigos sean un pueblo completo tiene una base textual sólida.
El principal desafío de esa interpretación es que Apocalipsis 11 describe acciones muy personales: profetizan, mueren, sus cadáveres son vistos y luego ascienden.
Por eso algunos entienden que Juan está mezclando ambos niveles, algo que hace frecuentemente en Apocalipsis: individuos reales que al mismo tiempo representan una realidad colectiva más amplia.
De hecho, eso ya ocurre con figuras proféticas del Tanaj. Un líder puede representar a toda una nación. Un sacerdote puede representar a todo el pueblo. Un rey puede representar a Israel entero.
Así que la lectura de los dos testigos como representación de las dos casas de Israel no surge de la nada. Tiene raíces en Isaías, Ezequiel, Hechos y en la forma simbólica en que Apocalipsis utiliza constantemente personas para representar realidades colectivas más amplias. Lo que sigue siendo debatido es si Juan pretendía una representación exclusivamente colectiva o una combinación de personas reales con un significado corporativo mucho mayor.

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